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¡Twitter idiota!
Juan José Hoyos | Medellín | Publicado el 29 de agosto de 2010

El músico Andrés Calamaro armó esta semana una linda tormenta: cerró su cuenta en la red social Twitter, en la que tenía cien mil seguidores, y no se contuvo a la hora de anunciarlo con una frase lapidaria: “140 caracteres pueden metérselos profundo en el medio del ojete”. Este fue el titular de la noticia en la primera página del diario El País , de España. El periódico también destacó otra frase del cantante: “Me importa tres pepinos perder un segundo más en el rebaño de boludos con Blackberry conectados a la nada” y en la “borregada que se pasea por las redes sociales”. Por lo visto, en su caso, el cú-cú del pajarito de Twitter se convirtió en el graznido de un ave de mal agüero.

Ciento cuarenta caracteres es el espacio que Twitter deja escribir a sus millones de usuarios en cada mensaje. “Ojete”, según el Diccionario de la Real Academia, significa una “abertura pequeña y redonda, ordinariamente reforzada en su contorno con cordoncillo o con anillos de metal, para meter por ella un cordón o cualquier otra cosa que afiance”; también, un “agujero redondo u oval con que se adornan algunos bordados”. En lenguaje coloquial, significa “ano”. El titular de El País fue reproducido por los grandes diarios de Hispanoamérica.

En su enojo, Calamaro no ahorró adjetivos y llamó a los twiteros “un coro de subnormales”, “falsos profetas de la nada”, “resaca de la fauna humana”. En un texto escrito -como sus canciones- en verso y en prosa, que publicó en su blog con el título “Twitter idiota”, también dijo refiriéndose a esa red de micromensajes: “Qué despreciable democracia , y qué mal entendida? Claro que libertad de expresión no es expresión de libertad. Qué pérdida de tiempo escribir para hijos de Homero Simpson y doña Rosa… Qué asco de postmodernismo… perder media hora por día para comprobar lo que nací sabiendo…”.

A lo largo de la semana, la noticia fue leída por cientos de miles de usuarios de internet, ya que Calamaro ha sido uno de los artistas más activos en Twitter. Según sus amigos, la decisión de cerrar su cuenta la tomó porque un grupo de seguidores lo insultaron y amenazaron por sus opiniones contra la prohibición de las corridas de toros en Cataluña. El músico dijo que este grupo de fanáticos antitaurinos está soportado en “un nuevo progre anticomunista rabioso” que tiene “una intolerante sensibilidad por el sufrimiento de la noble bestia, el toro bravo” y no dice “ni una palabra sobre los seres humanos que mueren (morimos) cada quince segundos por falta de agua”.

La polémica no ha acabado. La seguí día tras día porque me gusta la música de Andrés Calamaro, sus tangos cantados con voz de muchacho callejero perdido en la vida, sus canciones llenas de poesía y ácido, herederas del mejor rock argentino de las últimas décadas. También, porque pienso que el destino del periodismo y de la libertad de prensa está atado al de las redes sociales.

La decisión del músico despertó centenares de comentarios apasionados, cómicos y agudos en la red, como este del Diario Vasco: “El cantante argentino ha necesitado alcanzar los 100.000 seguidores para percatarse de que todos ellos estaban conectados a la nada, cosa que cualquier twitero medio comienza a descubrir a partir de los 35-40 seguidores. Y, sin duda, Calamaro tiene toda la razón, pero es que precisamente en ese parloteo anodino que tanto imita a la vida radica uno de los principales atractivos de la red social. Por otra parte, resultaría abrumador que toda conversación tuviera que alcanzar por decreto las profundidades insondables de un buen psicoanálisis. La nada padece los rigores de una mala prensa en un mundo que entroniza la actividad, mejor cuanto más estéril, óptima cuanto más tóxica”.

El novelón tuvo nuevos episodios al final de la semana. Calamaro no logró desprenderse definitivamente de Twitter y a las 24 horas abrió una nueva cuenta bajo el nombre de @calamaro49. “Se armó una linda tormenta con la clausura de la cuenta y sus cien mil habitantes? Me apena un poco estar de vuelta”, dijo en su primer mensaje. Después admitió que quizás habría tenido que esperar en silencio unos días más para que tuviera sentido el bonito revuelo que se armó. Sin embargo, reafirmó su declaración de principios, “llena de pasión y no carente de una buena lluvia de verdades”: “Me siento como el Francis FORT Coppola en el micromundo infame de las redes sociales”, dijo.

Confieso que sentí pena por el precipitado regreso de Calamaro a Twitter. Hubiera preferido, como él mismo lo prometió, que siguiera con su vida, que ya es suficiente.

to be continued