Volumen 11

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Volumen 11

Volumen 11, el nuevo disco de Andrés Calamaro salió ayer a la venta en cd y streaming (próximamente en vinilo), y se estrenó el miércoles para un puñado de periodistas en Romaphonic. En ese estudio registró las Grabaciones Encontradas III, álbum de piano editado en febrero pasado, que lo encuentra girando por estos días en México. Desde allá, AC pidió expresamente que la escucha suene alta, fuerte, considerable; tarea encomendada a Javier Verjano, técnico de mezcla de algunos de los tracks que se escucharían luego de que accionara la computadora de la consola.

Es un mosaico de 18 temas (y uno oculto) que expone algunas de las muchas caras de Andrés Calamaro, predominando su perfil blusero: están el narrador de aguafuertes, el que versiona ídolos y pares, el que dirige con buen gusto una jam, el autorreferencial, el que regala citas e hipervínculos hacia otros universos, el que se carga a los proteccionistas de animales, el que se fascina con el mundo del hampa, el que no se sonroja para hablar de drogas, el que corrige & aumenta lunfardo, el que maximiza recursos de grabaciones caseras, el guitarrista, el tecladista, el bajista, el cantante… Este Volumen 11 (guiño a los amplificadores paródicos de los Spinal Tap) comienza arrollador, con guitarras que ametrallan a la par de las machacantes baterías tapando la voz de Andrés, hasta desembocar en un recitado: el audio de Apocalipsis en Malasaña es poco usual en su discografía, pero remite a sus “directos” de entre 2006 y 2009. No casualmente, figura en los créditos José “El Niño” Bruno, baterista de aquellos años. El final es para Trujillo Libre, un exquisito instrumental jazzero registrado en un show en Perú, con un aire andino que sobrevuela entre el potencial de su banda eléctrica, potente y versátil (Comotto, Verdinelli, Domínguez, Wiedemer, Kanevsky); más la coda tumbera de La Burra, un funk elástico, ampliado por la exquisitez de Germán Wiedemer en las teclas, cantado por el fotógrafo Jorge Larrosa.

 

Fuente: Clarín

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