Andrés Calamaro - Web Oficial

Último momento

Blog

EL REICH ANIMALISTA

Es complicado entender por qué tanta gente odia (literalmente) a los aficionados taurinos, toreros, banderilleros y otras profesiones relacionadas con el mundo del toro. Yo no creo que responda a cuestiones humanitarias, porque un buen número de estos individuos se permiten con demasiada frecuencia pensamientos sanguinarios: odiar y -como quien no quiere la cosa- andar pregonando que aficionados y toreros merecemos todo tipo de castigo divino, incluso cierta clase de empalamiento horrible.

Supongo que no desean a los cocineros una muerte terrible, hervidos en agua caliente o calcinados sus cuerpos a la parrilla ni al calor de los fogones; y este no es un detalle menor, porque España y el mundo están sembrados de restaurantes donde se guardan refrigerados -para ser espléndidamente comidos- un importante número de restos de animales mamíferos y pescados. Sin embargo la gastronomía, que involucra permanentes escenas de matanza y descuartizamiento, está muy bien vista. El auge de su prestigio incluso deja en evidencia una cierta pereza (u holganza) intelectual interesante.

Habitamos en un mundo que da la espalda a la lectura en beneficio de la televisión. Un mundo que ignora la pintura y la escultura en beneficio de los deportes televisados o el consumo frívolo; que olvida la ópera y el teatro, pero vive absorto ante una pequeña pantalla portátil (entre otros muchos ejemplos diarios de lo que es la vida moderna). Es un mundo que fácilmente se entrega una corrección política entre comillas y para haraganes; que puede permitirse el “factor desprecio”, el odio inquisitorial, una tormenta de opiniones irresponsables y reaccionarias, de deseos imperdonables. También se permiten mirar a otro lado mientras el mundo se desangra en una desigualdad inestable, que mata de hambre, en las guerras o en las paupérrimas barcas del exilio forzado: Las “almas bellas” se permiten demasiado y al mismo tiempo, demasiado poco.

Creo no equivocarme si considero que este fenómeno no es más que ignorancia desatada, incluso en ámbitos universitarios afines a la intolerante abolición. El Reich animalista se considera además a sí mismo el protagonista permanente de una buena acción solidaria, curiosamente humanista o rabiosamente animal. Sin embargo, desnuda un bestialismo intolerante, una profunda pereza intelectual y un peligroso desapego por la sensibilidad correcta, por la vida satisfactoria y la natural tolerancia que impone la convivencia. Exhibe un desorden de valores altamente temerario, o francamente ridículo.
Es frecuente leer la excusa de la legalidad moral de la matanza alimentaria apelando a que “sirve para alimentarse”. Servidor duda que las langostas (cocidas vivas en agua hervida), el caviar, el faisán o mismamente los vacunos sacrificados, estén alimentando a un mundo hambriento. Desde hace siglos la mayoría se mal alimenta con productos no cárnicos, digamos arroz acompañado por ocasionales pedacitos de pescado, chorizo o una carne barata. Proteínas, las justas. La justificación alimenticia de la masacre de las carnes ofende a la razón. En Argentina la ingesta de carne es un ritual de amistad, celebración familiar y festín para el paladar; no se trata de alimentarse ni paliar el hambre. Otra mala broma de las juventudes animalistas adoctrinadas en Facebook: una familia media malamente puede pagar un asado (barbacoa fetén) por mes, la carne es un lujo. Descartemos esta lobotomía portátil que justifica la escabechina que pone en funcionamiento la industria cárnica y marítima. Los restaurantes de tres estrellas Michelin parecen no importar un pepino a los muy humanitarios enemigos sanguinarios de las corridas de toros. Creo que estos detractores de los toros, tan llenos de razones como de equivocaciones, responden a una pereza intelectual aguda, agresiva y terminal: no leen libros (aunque existe el caso de universitarios -ensoberbecidos de lecturas académicas- que nunca se equivocan). Mayormente, mis justicieros viven embutidos en sus teléfonos galácticos y difícilmente leen a diario el periódico -o periódicamente el diario- para formarse una conciencia mínimamente aceptable; y no es que me crea a rajatabla todo lo que leo, más bien se trata de entrenamientos de gimnasia mental para poder opinar con algún fundamento, incluso leyendo entre líneas editoriales.

La tauromaquia no es maltrato de animales, ni asesinato, ni tortura. La tauromaquia es compás, es valor, es respeto por el medio ambiente y por el toro. Es ecológica y sostiene una tradición ganadera ejemplar. Es cultura benigna, porque es la costumbre de las letras de Lorca, de la tinta china de Picasso, de los libros de Hemingway, del texto imperdible de José Bergamín, de la historia contada por Belmonte y Chávez Nogales; es la tauromaquia de Dalí y de aquellos que aman el toro en la plaza, embistiendo con peligro en cada galope. Es arte que ofrece la vida. Es música, color y valor.

Valores, buenas tradiciones. Es pueblo y campo, es ciudad y es algarabía, es encierros y novilladas, es ilusión de niños toreros, es de aquellas cosas que da sentido a la vida de los aficionados y a la vida del toro, el más amado de los animales (con permiso de las mascotas que esperan castradas que les permitan orinar mientras mendigan la atención de los dueños que, a falta de un amor mejor, se retratan con el perro para mostrar la foto en San Valentín). El móvil es el mejor amigo del hombre, el perro es un animal doméstico que vive castrati sin conocer jamás la vida silvestre. El toro es el animal mitológico que representa la leyenda.

Mientras la humanidad acorrala el hábitat de los animales silvestres construyendo ciudades, caminos y fomentando cambios climáticos; la tauromaquia protege la ecología sostenible del campo bravo y salvaguarda la existencia de la raza y su bravura. Pero la inquisitorial animalista no entiende ni quiere entender que no hay razón alguna que convalide la violación de los derechos humanos. Las juventudes animalistas (no hay edad para celebrar la intolerancia ni la ingesta inapropiada de información demagógica) están en su punto más alarmante de frivolidad y holgazanería. Y el juego político, que ofrece a diario un lamentable espectáculo, menosprecia con demagogia la cuestión para rascar unos votos. No llueve a gusto de todos. Pero no se puede parar la lluvia y prohibirla: es una necedad imperdonable, que no se justifica con desinformación rampante, con desprecio por la voluntad de las gentes y su derecho a la libertad, ni para engordar el caldo de puchero de la clase política que atropella flagrante el espíritu del pueblo. ¡Para variar!

 

Publicado en ABC

imagen-calamaro-animales--620x550

Un genio del tango

MARIANO MORES (1918- 2016)

UN GENIO DEL TANGO

Fallecido a los 98 años, fue un maestro del género, el mejor para parte de la crítica argentina

El cielo se estaba abriendo para dar paso con honor y gloria al maestro y amigo Mariano Mores, el genio del tango fallecido a los 98 años, según comunicó ayer uno de sus nietos con un simple y sentido “Adiós, abuelo querido, te voy a extrañar mucho”.

Fue una hermosa y muy importante oportunidad humana poder compartir días, canciones y grabaciones con el maestro Mariano. Mediante un amigo común nos conocimos en una cena y fue cuando dijo a punto de conocernos: “Andresito, sos el futuro de la música popular de nuestro país”… Yo ni me había sentado y no estaba –entonces- para créemelo demasiado, pero la palabra de los sabios está para escucharse. Quiero creer que siempre traen algo de razón consigo. Entonces quedamos para visitarnos en su casa de Barrio Norte y escribir juntos una canción: “Jugar con Fuego”.

El maestro era exigente con la métrica, la formalidad de la canción y las palabras. El también pulimentaba su arreglo en una partitura que ganaba en interés y enjundia cada día, cada tarde que compartíamos en su elegante domicilio. Hablamos mucho y de muchas cosas en aquellas semanas escribiendo; oportunamente le confesé la importancia de la grabación para mi, no siendo yo un hombre de partituras. Necesitaba un registro grabado para tener la canción y recordarla. Entonces nos encontramos en los estudios de grabaciones Del Abasto. Fueron dos tardes salpicadas por alguna anécdota y alguna buena charla en un bar bien porteño. Alguna sesión fue filmada y perdida en las mudanzas, o en las mudanzas vitales. Como corresponde.

Aquel encuentro fue realmente el comienzo de una importante amistad con el maestro.

Me invito a cantar con piano y con orquesta en sus extraordinarias actuaciones en los teatros de la calle Corrientes, conciertos salpicados con danza folclórica y grande identidad argentina. Fui su invitado de honor y le pedí que me firmase un pañuelo donde escribió una dedicatoria honorable. Grabamos dos canciones más en las sesiones de mi álbum “Honestidad Brutal”, siempre con detalles para el recuerdo histórico, desde la ropa con que se presentó, elegantísimo, para grabar con Joe Blaney; hasta las palabras dichas, que hoy prefiero atesorar con los recuerdos inéditos. Mariano me dedicó una parábola musical que quizás tres personas escuchamos, y que el pudor me invita a conservar prudente en el silencio de la despedida: ¡Gracias, maestro!

En el tiempo en que la fortuna quiso que compartiese encuentros con Mores conocí más de su dimensión de creador y figura primordial de la música nuestra y universal. Supe de sus éxitos, sus convicciones, su calidad humana, su calidez familiar, su generosidad y las cosas que nos contamos los hombres que conocemos los pliegues de la noche y las bambalinas del espectáculo.

Qué elegancia la de Mariano Mores, que me esperaba de punta en blanco después de echarse una siesta cada tarde en su casa.

Y qué músico de primerísima categoría, de los que ya no existen.

Hasta siempre, grande entre grandes: Mariano Mores.

 

Mariano Mores (Buenos Aires, 18 de febrero de 1918-17 de abril de 2016)

Nacido Mariano Alberto Martínez, de ancestros músicos y padres enamorados del baile, fue un excepcional compositor, pianista y director de orquesta. Para buena parte de la crítica argentina, el mejor compositor de tangos del país, autor de clásicos como “Cafetín de Buenos Aires”, “Uno” o “Cuartito azul”. También ejerció de actor, personaje televisivo y compositor para el cine. Un personaje grato y enorme.

mores
.